Le dije al autor de esta reseña, Fausto Leonardo Henríquez, que no comprendía muy bien su intención al decir lo que dice en las últimas líneas, pero él quería mostrarse generoso al escribirla, a pesar de que además de poeta y crítico literario, es sacerdote -y los sacerdotes son blanco fácil en algunos tramos de la novela-. Pero como aclara en este texto, la novela "no es herética en el sentido teologal", y él, que suele leer con atención, se da perfecta cuenta.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Nueva reseña, de FLHenríquez
jueves, 20 de agosto de 2009
Lectura casta de una ficción hereje
No se trata de alegrarse porque ante el examen de la crítica el libro salga bien parado sino tan sólo de que a medida que el tiempo pase surjan más lecturas atentas y despojadas de prejuicios, lecturas minuciosas y reveladoras, como esta de Sara Rolla que posteo a continuación:
El ánimo carnavalesco es notorio, pero no fluye en forma caótica sino muy controlada. Corre por cauces un tanto clásicos, aunque el ingenioso juego autoral que culmina en el “post scriptum” y las sutilezas intertextuales muestran el entronque con la mejor narrativa contemporánea.
Tanto en lo idiomático como en lo estructural, el texto está concebido y balanceado con extrema prolijidad, con un habilidoso aprovechamiento de recursos consagrados por la novela tradicional, como los paratextos empleados en el encabezamiento de los capítulos, de grata recordación para el lector inveterado del género.
Un juego estructural en clave cervantina preside la novela: el narrador es, en realidad, “editor” de un texto anónimo que ha llegado misteriosamente a sus manos. Y ya el título mismo anticipa dos elementos nucleares: la autorreferencialidad (se anuncia como “ficción” –no pretende crear una ilusión de vida- ) y el carácter burlesco (al caricaturizar tanto al texto como al lector).
De entrada, como vemos, irrumpe en la obra el juego metatextual. En el prólogo, el relator se “desentiende” de la autoría y deja flotando la duda sobre la misma, situación que anuda el inicio con el fin de la novela (el prólogo con el epílogo). Pero no sólo la autoría está en entredicho -las hipótesis en este sentido desembocan sorpresivamente en el excelente “post scriptum”-, sino también la verosimilitud de lo narrado: “vida ficticia o real”, “información o ficción” son los interrogantes que, apuntados en el prólogo, recorren la lectura de inicio a fin.
En la trama de la obra hay una especie de “retrato del artista adolescente” en clave jocosa y múltiple. Por momentos, puede impresionar como una ficción un tanto ligera y frívola; pero, en definitiva, revela su condición de mascarada que deviene en una crítica feroz, de estirpe erasmista, de un territorio minado: el de la poderosa “industria de la fe”.
La experiencia de muchas y buenas lecturas y el oficio poético con sus exigencias de rigor expresivo abonaron el camino de esta primera novela de Giovanni Rodríguez. Su inicio en el género es más que auspicioso, y quedamos esperando más.
San Pedro Sula, 24 de junio de 2009
lunes, 20 de julio de 2009
Presentación en el Museo de Antropología e Historia
lunes, 22 de junio de 2009
Puntos de venta y próximas presentaciones
Tegucigalpa: Librería Cervantes
El Progreso: Librería La Confianza
San Pedro Sula: Librerías Caminante, Liser, Coello y Navarro
jueves, 18 de junio de 2009
De simulacros de crítica y mujeres vigilantes
15:43 Yo: Jorge sos vos o tu mujer?15:44 jorge: Que tal Giovani15:45 soy yo, mi mujer está dormidaYo: "mi mujer c`est moi"15:46 jorge: ja ja jua...ya leí tu libro...espero comprarlo en la libreria...Yo: ah puta, qué rápido15:47 jorge: gustaco me prestó el domi...necesitaba preparar una preentación en el blogYo: ah, ok, gracias, aunque no sé si vendrán pijazos.15:48 jorge: No lo creo...es una propuesta nueva, escrita con claridad y mucha imaginación, incluso, como pieza testimonial de cierta tribu urbana....15:49 Yo: oíme, pronto tendremos listo el sitio web para la revista y la editorial mima. mi idea es que en la revista publiquemos reseñas de los libros que se vayan publicndo en el paísjorge: me alegro...tu trabajo es muy estimulante..15:50 Yo: gracias(Chat entre el autor de la novela y el autor de la crítica el 15 de junio de 2009, cuando la mujer del segundo estaba "dormida")
La llamada de N
Carlos Rodríguez dejó hoy en mimalapalabra este "episodio telefónico" protagonizado el día anterior con "el poeta N", quien lo llamara para consultarle algo relacionado con la publicación de esta novelita hereje:
- No, N. El autor sigue en España pero, aunque usted no lo crea, estará presente a través de una conexión de internet.
- Entonces no voy...
- Pero estará Simón, Ricardito, Sarita, y le mencioné otros nombres sin saber si en realidad llegarán este 19 de junio a ese sitio...
- Los mismos de siempre -me interrumpió.
Me quedé callado.
- Mejor compro el libro. Hoy lo miré en librería Caminante. Además, esa zona de Klein es peligrosa y ese lugar ya no es como antes...
No dije nada.
- Mejor voy a esperar a ver qué dicen los que lean el libro y entonces lo compro.
- ¿Por qué esperar? -Le dije a N. Mejor cómprelo, lo lee y usted mismo decide si es "bueno" o "malo".
- Es que me gusta primero oír la opinión de otros para comprar un libro.
- Creo que lo mejor es leerlo uno mismo -insistí con mis buenos modales. Además, no creo que valga quinientos lempiras.
- No -dijo N. Me parece que lo tienen a 175 pesos y el título me gusta, dan ganas de comprarlo. También me dijeron que se trata de unos chavos que secuestran a Misael Argeñal. Pero no sé si será bueno.
Pensé en colgar pero, como era él quien había marcado mi número celular, decidí -para vengarme de este homo dundis hondurenis- darle largas a la conversación.
- Pero le aseguró que no es como los secuestros de los libros de M, le dije para picarlo.
- Y qué tiene que ver M en esto. Eso es lo que no me gusta de ustedes. Tal vez M no escribe bien todavía y le falta mucho para ser un gran escritor pero es uno de los más vendidos -respondió en tono fuerte.
- Pero más vendido no significa calidad, ¿cierto? Acuérdese de Coelho. Compre el libro de G, compa.
- No. Mejor voy a esperar a ver qué dicen quienes lo lean.
- Bueno, entonces vaya a la presentación que habrá en el museo de antropología el otro viernes. También Murvin va a presentar Corral de locos...
- ¿Para qué? Para ver a los mismos. Además, ya no asisto a ese tipo de eventos.
- ¿Ya se volvió Saraviano?
- No, es que mejor dedico ese tiempo a escribir. Además, ustedes sólo llegan para burlarse de los demás.
Me cansé de N. Aunque era él quien gastaba dinero en una plática sin sentido, yo me estaba convirtiendo en el estúpido. Me despedí de N. Cuando G vivía en San Pedro Sula le prestó a N algunos libros. N aún se cree poeta. El efecto N se propaga en la ciudad. Ficción hereje para lectores castos parece un título atractivo a los lectores N, pero no dan el paso -ni el pisto- porque esperan que otros opinen por ellos. En realidad, creo que N no asistirá a ninguna presentación de Ficción hereje... porque, ¿a quién le dirá que le regale el libro? N colecciona libros autografiados, pero si G estará conectado vía internet desde España, ¿cómo le pondrá la firma al libro que le regale a N?
De todos modos, creo que Ficción hereje para lectores castos no será una historia interesante para tipos como N. ¿Por qué? Porque dónde está la enseñanza, la fábula moral o esa lección positiva que debería dejar en la vida de un ser humano la lectura de un libro. Es imposible no sentir cólera al hablar con un lector N. El efecto N se ha convertido en pandemia.
miércoles, 17 de junio de 2009
Nota en La Prensa
"Aún no comprendo la trama del libro, como escéptico que soy, me gustaría saber del mismo, muchas veces a los escépticos se nos tilda de herejes, pero "nada que ver", simplemente somos indiferentes ante los diferentes dogmas y creencias religiosas, mi tendencia es hacia el agnosticismo, y como tal, dejo abierta la posibilidad de DIOS dentro del TODO Universo, desde una perspectiva racional y empíric..." (sic).
lunes, 15 de junio de 2009
Primeros ejemplares en Librería Caminante

sábado, 13 de junio de 2009
Agenda hereje para los próximos días

-Viernes 19 de junio, 9:00 P.M., Klein Bohemia, San Pedro Sula.-Domingo 21 de junio, 1:00 P.M., Radio Uno, San Pedro Sula, programa "La máquina de hacer pájaros".-Jueves 25 de junio, 7:30 P.M., Museo de Antropología e Historia, San Pedro Sula.-Jueves 9 ó viernes 10 de julio, Biblioteca Nacional, Tegucigalpa, junto a Murvin Andino, quien también presentará Corral de locos, su reciente libro de poesía y primer título del proyecto editorial mimalapalabra.
lunes, 8 de junio de 2009
FHLC, esta semana en las librerías

martes, 26 de mayo de 2009
Primeros pasos herejes
(Versión medio corregida y aumentada)
Finalmente, no creo que vayamos a preparar el vídeo hereje tal como lo pretendíamos. Problemas de logística, les llaman. Pero nada me ha impedido, con todas las limitaciones del inexperto que soy en estas vainas, jugar un rato en Picasa y juntar algunas escenas sampedranas con la música de Tom Waits.
Satanael Aguilar

El oscuro personaje había surgido de las misteriosas entrañas de la idiotez popular. Su nombre: Satanael Aguilar. Ocupación: pastor de iglesia. Apelativo: El Apóstol.Llegó a congregar a un promedio de diez mil personas cada domingo en un inmenso salón techado que parecía depósito de aviones. Ahí funcionaba su iglesia, a la que él llamaba “El Ministerio”.Su popularidad fue en ascenso desde el día en que cumplía sus treinta y tres años y casi le arrebató el micrófono al pastor de turno de la modesta iglesia a la que entonces asistía para pronunciar un almibarado discurso en el que propuso –cual eclesiástico revolucionario- reformar las estructuras de la iglesia para ayudarla a incrementar su poder y así lograr una participación más directa y efectiva en los asuntos nacionales, no sólo espirituales sino también, por qué no, políticos.Su discurso, para qué decirlo, resultó un tanto anacrónico, pues lo único que se pretendía en el momento en que el pastor le soltó el micrófono era decir una oración y después cantar unas dos alabanzas por motivo de la conmemoración de su natalicio. Sin embargo, supo surtir en los oyentes (unos trescientos fieles) el efecto que se proponía. En adelante el mismo pastor le cedía un espacio de su tiempo en el púlpito para que repitiera su arenga y pronto llegó a considerársele como el candidato idóneo para sucederlo en la jefatura eclesiástica. Y así, un veinticinco de diciembre, el concilio de ancianos de la iglesia lo nombró pastor de ese rebaño ávido de su voz.
viernes, 22 de mayo de 2009
Índice hereje
HEREJÍAS Y OTRAS HIERBAS. Hernán Antonio Bermúdez
PRÓLOGOUNO. Donde el narrador habla de manera bastante general de los protagonistas de esta historia y sus proyectos herejes
DOS. Donde se da cuenta de la primera aparición de Los Herejes en el templo del Señor
TRES. Donde se narra la vida de Wilmerio Alberto Rivas Rivera, ingeniero de planta en una maquila, quien demostró desde joven sus inclinaciones por la práctica de la herejía
CUATRO. Donde se habla de la herejía de Ernesto y Alfredo en un autobús de la ruta urbana
CINCO. Donde se narra la infancia y juventud de Gustav Simón Detest, su especial amistad con Gladisita y los motivos que lo impulsaron a la herejía
SEIS. Donde el autor hace algunas reflexiones sobre su propia existencia y refiere la manera en que decidió embarcarse en la escritura de estas páginas
SIETE. Donde se narra una parte de la vida de Ricardo Ernesto Guevara, de cómo conoció a La Puta Devota y su posterior adhesión a las huestes herejes
OCHO. Donde se habla de la entrada de Los Herejes al Ministerio con la firme intención de aceptar a Cristo como su Salvador Personal
NUEVE. Donde se cuenta la historia de Alfredo José Gamero López, periodista, con su amiga la china-rusa, quien le enseñó con sutiles maneras que no hay que ser tan santo en la vida, y por último, sus experiencias eróticas con La Guernica
DIEZ. Donde se resume la manera en que cada uno de los protagonistas de esta historia se convirtió en hereje y de la ocasión en que se conocieron y se hicieron amigos
ONCE. Donde se refiere la aparición de Satanael Aguilar en el Ministerio y la manera en que se erigió como líder plenipotenciario
DOCE. Donde se hace un recuento de las lecturas de los cuatro muchachos herejes
TRECE. Donde se refiere todo lo relacionado a un plan de secuestro, a los mensajes que Los Herejes escribieron en el edificio del Ministerio, el revuelo que esto causó, y finalmente, a la razón del nombre Satanael
CATORCE. Donde el autor da fin a la curiosa historia de Los Herejes con un episodio desafortunado en una noche de lluvia
EPÍLOGO
FLASH BACK (Post scriptum)
miércoles, 20 de mayo de 2009
Alfredo José Gamero López

Alfredo nació en una casa pobre allá en el oriente del país, en un pueblo escondido entre montañas de espesa vegetación y riachuelos de aguas cristalinas. Su casa era sencilla, ya lo hemos dicho, de paredes de adobe revocadas con cal, techo de teja, suelo de tierra apisonada y letrina en lugar del tradicional retrete. Quizá a estas dos últimas características de su modesta casa se debían las detestables costumbres de escupir en el piso y de orinar en el retrete sin levantar la tapa que sus amigos le reprochaban constantemente. Pero no es esto el análisis de las costumbres de un individuo llamado Alfredo, sino más bien la historia de cómo llegó a convertirse en aficionado y practicante de la herejía. Sigamos entonces.A los diecisiete años salió de su pueblo con rumbo a la capital con la firme intención de cambiar el mundo. Ya no eran los tiempos aquellos en los que la juventud creía que había siempre solución para todos los desmadres de la sociedad, pero a Alfredo no se le podía exigir entonces que renunciara así como así a sus primeras manifestaciones de humanismo en la vida y por eso es que al nomás llegar a ese antiguo pueblo de mineros lo primero que hizo fue buscar afiliarse al cuerpo de socorristas voluntarios de la Cruz Roja.Pero no se le hizo el sueño de ayudar a la gente a través de los primeros auxilios. Un negro corpulento que se presentó con el nombre de Jacinto Crisanto y con el cargo de jefe de personal de la base uno de la benemérita Cruz Roja Hondureña le dijo que no había aún fecha establecida para el próximo curso de primeros auxilios para jóvenes aspirantes a socorristas voluntarios y que además en ese momento había una “sobrepoblación de elementos”, lo cual eliminaba cualquier posibilidad de que pudieran aceptarlo por lo menos en los próximos seis meses.Así que mientras llegaba el final del semestre que el imponente jefe de personal de la base uno de la benemérita le había impuesto como plazo de espera, se inscribió en la Universidad Nacional Autónoma en la carrera de lenguas extranjeras, la que, consideraba, le permitiría en el futuro tener un mayor y efectivo contacto con las distintas culturas del mundo.Entonces se topó en una de las paredes del edificio en donde recibía las clases generales con un anuncio acerca de un grupo ecologista de nombre “Aire puro”, y de inmediato apuntó el número telefónico y la dirección de su sede...
lunes, 18 de mayo de 2009
Ricardo Ernesto Guevara

Ricardo, a pesar de llevar a cuestas además del nombre también el apellido Guevara del famoso guerrillero, renegaba de la doctrina marxista y decía odiar a todos aquellos que en estos tiempos todavía creían que la revolución era la solución a los problemas nacionales. Odiaba sobre todo a esos ilusos militantes de la idiota izquierda que se dejaban crecer la barba y se ponían camisetas con el argentinito ese sosteniendo fálicamente un habano en su boca.Quizá por esta aversión que, no obstante su nombre, resultaba paradójica, Ricardo se había convertido en un asiduo cliente de los restaurantes gringos de comida rápida, en un comprador compulsivo de la ropa de marca americana y en un entusiasta bebedor de la única cerveza nacional con nombre en inglés: Port Royal.
A Ricardo le resultaba difícil aceptarlo pero quizá el hecho de que entonces viera en la herejía la vía ideal para canalizar su odio y su ira contra el mundo se debía a que un día hubo de conocer a una especial mujer. Pero no era sólo una mujer, era una prostituta, sí, una puta, una ramera, una meretriz, una golfa, una hetaira, una vagabunda, una callejera, una andadora, una aventurera, una auténtica mujer de la más baja calaña, de las que tienen como ars vitae el placer siempre a cambio del dinero, pero una puta hermosa al fin y al cabo, la mejor de las putas con las que Ricardo se había cruzado en toda su vida. Y además de eso, de ser puta, aunque parezca increíble, era también una evangélica devota. Y era esto lo que atraía al muchacho.
sábado, 16 de mayo de 2009
Gustav Simón Detest

Pasarían los años y Simón seguiría creciendo, y con él aquella semillita de perversión sembrada prematuramente por Gladisita desde sus ocho añitos. Poco a poco se fue haciendo de diversos insumos de la pornografía que, lejos de satisfacer sus obsesiones las multiplicaban, al grado de acostumbrarse con la más absoluta calma a la diaria doble y hasta triple masturbación. Coleccionaba naipes, revistas, contraportadas de un periódico los domingos, en donde aparecían chicas con cuerpos esculturales en diminutas prendas bajo el título sugerente de “El bombón dominical”, y otras cosas igualmente ilustrativas para los fines del muchacho. Fue el tiempo en que le dio también por empezar a escribir poesía. Escribía largos poemas ambientados indistintamente en los tiempos de Sade o en los actuales, en los que describía, valiéndose generalmente de hipérboles, escenas con alto contenido sexual.A la par de esta obsesión por la sexualidad que, hay que decirlo, nunca llegó a conocer a cabalidad (sus escarceos con Gladisita nunca llegaron a tanto), se dedicaba a leer cualquier tipo de información acerca del tema, lo que, lógicamente, supuso el inicio de la conciencia de lo irrelevante que resultaban los principios morales inculcados en la familia, a favor de la libertad absoluta de sus fantasías.Llegaba Simón a imaginar incluso, durante sus ratos de privacidad, a su propia hermana mayor en posiciones nada decorosas sobre su cama, desnuda y sin esa manía irrefrenable de hablar impunemente en todo momento y lugar. La imaginaba silenciosa, sumisa, con sus grandes pechos balanceándose a cada sacudida que él pudiera provocarle, hasta que alguien, su madre, su hermanito, quizá su misma hermana, venía a tocarle la puerta del cuarto para pedirle algo o encargarle alguna detestable tarea doméstica.
jueves, 14 de mayo de 2009
Wilmerio Alberto Rivas Rivera

...A medida que el muchacho fue creciendo, la duda acerca de la existencia de Dios también crecería, y se mantendría vigente. Llegaría incluso, durante los años de su adolescencia, a fortalecerse, hasta desembocar en precoces conclusiones que ofrecían a todos aquellos que como él andaban por el mundo las respuestas exactas y definitivas acerca del mayor dilema en la historia de la humanidad.Las persuasivas exposiciones orales que Wilmerio practicaba con sus compañeros de colegio no fueron, sin embargo, aceptadas por la mayoría de ellos, unos por el fuerte arraigo de sus principios cristianos inculcados en casa y llevados en el cerebro como un tatuaje indeleble y otros por un escepticismo paralelo al suyo, que si bien apuntaba a la no aceptación de los dogmas cristianos, tampoco reconvenía con sus teorías extremas, lo cual lo situaba, en medio de aquella cincuentena de adolescentes, como una figura que despertaba la desconfianza, la envidia e incluso la competencia intelectual en la mayoría, y como un héroe al alcance de la mano para una minoría deprimente.Más tarde, cuando entrara a la universidad, su profesor de la clase de filosofía, ante sus frecuentes intervenciones para ponderar la inexistencia de Dios, le diría, ante el regocijo de todos sus compañeros de clase, la mayoría fervientes seguidores de las doctrinas cristianas, que el suyo no era más que un ateísmo de colegio, de ciclo común, para ser precisos, amparado solamente por algunas lecturas incipientes antes que en el profundo pensamiento adquirido por la humanidad a lo largo de toda la historia universal.Toda la motivación acumulada durante los años previos conducentes a la concreción de su aspiración de convertirse en filósofo se vino abajo en los mortales cinco minutos que duró el regaño de su profesor, y decidió abandonar la clase y el período entero, sumido en una profunda depresión de la que por fortuna pudo recuperarse unas semanas después, reaccionando a tiempo para tramitar, antes que acabara el plazo, su carnet de lector en la biblioteca. Así que el tiempo disponible luego de la salida de su trabajo lo utilizaba para leer los viejos mohosos libros de filosofía disponibles en la biblioteca.
lunes, 11 de mayo de 2009
La prueba del delito
Estamos en la fase previa al tiraje de los ejemplares de mi Ficción hereje. Bayron, desde Austin, Texas; Gustavo, desde San Pedro Sula; la gente de Litografía Iberoamericana en Tegucigalpa y yo desde este pueblo dalineano. Cuesta un guevo esto de hacer libros, pero es divertido. Como el libro se está armando en Honduras y yo no puedo estar presente en todo el proceso, Gustavo me mantiene al tanto de todo lo que va surgiendo en el camino, como podrán ustedes comprobar en este video. Les presento entonces el ejemplar de prueba de mi novelita, algo así como la prueba de lo que muchos lectores considerarán un delito mío, con las observaciones de Gustavo (que se las comenta a Junnior) para las pequeñas modificaciones que habrá de sufrir en los próximos días.
sábado, 9 de mayo de 2009
Unción y "pare de sufrir"

-La reunión de hoy es para la unción -dijo uno de los pálidos y pulcros muchachos.-Unción de qué -preguntó Wilmerio.
-Unción del cuerpo con aceite para purificar el espíritu -dijo el segundo de los santos anfitriones.
-¿Qué tipo de aceite? -quiso saber Simón.
-Aceite de oliva -dijo el tercero.
-¿Del que se usa para las comidas? -siguió Simón.
-Sí -contestó el mismo.
-Ahhh -se oyó por parte de ambos.
-¿Hay que traer algún recipiente? -preguntó Wilmerio.
La Santísima Trinidad se vio sus tres caras interrogativas y al fin el segundo preguntó:
-¿Para qué?
-Para depositar el aceite, claro -contestó.
-No es necesario –volvió a decir el segundo-, la unción es solamente en la frente.
-¿Entonces la unción es con poquito aceite? –siempre Wilmerio.
-Sí –contestó la terna.
-Qué lástima –dijo Wilmerio, mientras Simón movía la cabeza, apesarado.
-¿Por qué? –preguntó la triple sacrosanta unidad.
-Hubiera sido bueno llevarse un poco para la cocina de la casa –contestó Simón.
-No, aquí sólo es la unción. A la casa nos llevamos el espíritu de Dios –aclaró el primero.
-¿Y Dios va a estar aquí esta noche? –preguntó Simón, ahora casi con un falsete que denotaba asombro e incredulidad.
-Dios siempre está con nosotros –respondió el tercero de los divinos siervos.
-¿Y con nosotros? –preguntó Wilmerio con preocupación evidente en la voz y en el rostro.
-También –contestó el trípode mental.
-Entonces nos vamos –dijo Simón -, ya que anda con nosotros.
-¿Van a venir por la noche? –se oyó de uno de los tres cristianos ilusos.
-Si Dios quiere –dijo Wilmerio, y Simón fue el primero en estallar en carcajadas ya en la calle, en donde los carros que pasaban no permitieron que su regocijo particular llegara a oídos del trío cuasi celestial.
lunes, 4 de mayo de 2009
El ateísmo manso

En la adolescencia, cuando leyendo a Russell, discutiendo con mis amigos y pensando solo resolví que ya no volvería a creer en Dios, tuve momentos de lucha interior, incluso de agonía. Dejar de creer en Papá Noel, en el Purgatorio o en la Virgen María no era muy difícil. Pero renunciar a creer en el ser más poderoso que se pudiera imaginar, en la idea más grande que me habían inculcado mi madre, mi abuela y mis maestros desde pequeño, no era tan sencillo, si bien mi padre, que era agnóstico, me hubiera dicho siempre que no sabía si Dios existía o no y que según la hora o el día se inclinaba por una cosa o por la otra.
martes, 14 de abril de 2009
Las maneras cristianas, según Vagabundo

Leo en el blog Ciudad Zorzal este texto que habla de la experiencia de un ciudadano "vagabundo" en la Catedral de San Pedro Sula. Muy divertido:
viernes, 6 de marzo de 2009
Herejías y otras hierbas
Hernán Antonio Bermúdez
“Los niveles insoportables de alienación y fanatismo que había adquirido la sociedad en los últimos tiempos”.
El eje de la narrativa hondureña parece haberse desplazado a la costa Norte. Tras la reciente publicación del excelente libro de relatos Las virtudes de Onán (2007) de Mario Gallardo, surge ahora la novela Ficción hereje para lectores castos de Giovanni Rodríguez, de apenas 29 años de edad, y conocido como el audaz editor de mimalapalabra. En ambos libros San Pedro Sula, fenicia y violenta, refulge en el trasfondo, y su influjo se extiende a “los campos bananeros cercanos a la ciudad”.
Pero en esta ocasión no se trata de una novela bananera, ni mucho menos. Lejos de ello, y al igual que Gallardo, Rodríguez evita minuciosamente los nefandos ejercicios de realismo mágico (o, peor aún, de realismo socialista), cuya pobrísima floración en nuestra literatura no ha dado más que textos insípidos y obras de contextura cadavérica.
Si bien el narrador de Ficción hereje para lectores castos afirma que se trata de una “…pequeña historia para retratar a la sociedad ultra conservadora, mojigata y corrupta que tenemos en este país profundo”, aquí no hay lugar para el panfleto político ni para el regodeo testimonial. Se está en presencia de una novela imaginativa, plena de invención verbal y desenfadada, que impresiona por su ambición sin antecedentes dentro de la literatura hondureña: atreverse a criticar, en son de broma –en plan de juego-, a la religión (esa rama de la literatura fantástica, según Borges) y, más específicamente, a los pastores de las sectas religiosas.
Pero a la par de su vena lúdica y agnóstica, esta opera prima de Giovanni Rodríguez como narrador (si bien había publicado antes dos libros de poesía: Morir todavía -2005- y Las horas bajas -2007-), traza una semblanza generacional de cierta juventud pensante de la costa Norte del país. Para ello se vale de los cuatro jóvenes integrantes del grupo denominado “Los Herejes”, cuya rebeldía iconoclasta les lleva a cuestionar al mundo tal cual es: ven por todas partes males a corregir y entuertos por enderezar y, como es natural, pretenden modelar la sociedad según sus propios ideales.
“Los Herejes” nadan contra la corriente de las convenciones, juegan heréticamente con los fundamentos de la fe religiosa, critican y se burlan de las impregnaciones de ésta en el tejido social hasta que deciden “pasar a los hechos”, a la hechicera praxis, habida cuenta de que la misma echa mano de medios materiales cuando ya no basta la mera convicción ni la teoría pura.
Para ello, tras varios episodios de provocación y escándalo, intentan secuestrar al verborrágico Satanael Aguilar, pastor de una iglesia evangélica, denominado el “apóstol” por sus feligreses, alrededor del cual gravita un clima de veneración santurrona e insulsa. Proyecto de secuestro que no busca intereses económicos sino apenas darle un escarmiento al mercantilizado “embaucador de almas”.
Pero es más, Ficción hereje para lectores castos no sólo enfoca las arremetidas de esta banda de soñadores contra uno de los bastiones del orden moral sino que teje tramas de variada suculencia al detenerse en las relaciones amorosas de estos “buenos muchachos” (primer titulo tentativo de la novela), y explorar los pliegues del sexo y del amor o, mejor, abundar en su “educación sentimental” y sexual.
En efecto, los heréticos Wilmerio, Simón, Ricardo y Alfredo son objeto de asedio por parte de las mujeres, incluso, como Simón, desde temprana edad. Son ellas quienes toman siempre la iniciativa en los escarceos eróticos, y los muchachos no hacen sino reaccionar frente a los avances amatorios del sexo femenino. El caso más extremo es el de Gladisita, quien no sólo inicia a un Simón de ocho años en los “juegos de manos” y de boca sino que, luego, cuando éste es ya quinceañero (y ella de diecinueve), lo reencuentra y arrincona cual “cazadora” con su “presa”, y hacen “el amor como Dios manda”.
El autor le dedica un capítulo a cada uno de los integrantes de “Los Herejes”, y establece un delicado equilibrio (o contrapunto) entre el grupo y sus miembros, sin desmedro de ninguno. Por medio de un sistema diríase de “muñecas rusas”, la novela pasa del cuarteto (del ente colectivo) a indagar en la biografía de cada uno de sus componentes. De un bosquejo generacional, de la camada, se pasa a una suerte de confesión existencial en el plano individual.
Cada uno de ellos, Wilmerio, Simón, Ricardo y Alfredo, posee sus propias motivaciones para militar en la banda, en una mezcla de convicción afiebrada y auto-ironía que desarrollan en sus papeles de jóvenes letrados e intrépidos.
El narrador a lo largo del relato es, según se dice, un joven que observa y le sigue los pasos a “Los Herejes”, como un detective que, además, intenta interpretar sus vidas. Así, incluso le informa al lector sobre las lecturas del cuarteto, y nos enteramos, por ejemplo, que en la lista de literatura erótica a la que es aficionado Simón, se incluye Las virtudes de Onán, en un guiño de complicidad con Mario Gallardo.
A propósito de éste, hay que decir que así como en ese libro (y más concretamente en el relato “Noche de samba bárbara”), rescata como protagonista a Heimito Kunst, personaje de Los detectives salvajes, la novela canónica de Roberto Bolaño, y le infunde una prórroga de vida (aunque fugaz) en Honduras, Giovanni Rodríguez también registra en su radar a Heimito a su paso por Copán Ruinas (aunque sin mencionar al austriaco por su nombre), y hace que sus herejes, en desbandada tras el secuestro frustrado de Satanael Aguilar, se topen con él en medio de una nube de marihuana. Extrapolación de otra extrapolación literaria (léase “rizar el rizo”).
Y es que al final de Ficción hereje… hay un Flash back (post-scriptum) que actualiza al lector sobre las correrías del cuarteto, una vez fracasado el plagio del “apóstol”. Pues, como cabe esperar, los confabulados huyen de San Pedro Sula, ciudad que, ya se vio, actúa a manera de escenario, por momentos gracioso, de la despreocupación e irreverencia de estos jóvenes cuyas lecturas y cultura literaria no les exime de una cierta ingenuidad en “esta periferia del mundo”. Inocencia salvaje que les hace incluso asombrarse de que su intento de secuestro al pastor pueda ser visto como un delito por parte de la policía, y no como una simple picardía o travesura anarquista de los “días de una juventud enfebrecida en la que todavía pensaba que podía ayudar a cambiar el mundo con mis acciones”.
Este tono más maduro del post-scriptum, que ve retrospectivamente las andanzas de los protagonistas, es una “vuelta de tuerca” donde el narrador confiesa, al final, que él es uno de los miembros del errático cuarteto y se comunicó con Giovanni Rodríguez para que éste organizara el material narrativo y lo publicara bajo el sello editorial mimalapalabra.
Así como en ese ejercicio intertextual de desdoblamiento autoral, Ficción hereje… se mantiene, en todo momento, ligera, graciosa, con un humor socarrón. Incluso los pasajes más dramáticos o reflexivos están matizados por bromas o sarcasmos brutales y directos.
Con esta novela, Rodríguez airea y revitaliza el lenguaje novelístico de Honduras, maneja con desenvoltura una forma inédita de narrar y, de esta manera, se incorpora a las corrientes literarias más vitales y renovadoras de la actualidad. Todo lo cual hay que celebrar y, a la vez, esperar que el dúo Rodríguez-Gallardo pronto se transforme en un cuarteto de “sampedranía”* o, como diría el “apóstol” Satanael en términos típicamente retumbantes, en los “jinetes del apocalipsis” narrativo en “este país tercermundista con nombre de abismo”.
El arte siempre depende de un principio de “selección natural”: la sobrevivencia de los más aptos en el plano creativo. Estoy seguro de que Giovanni Rodríguez, por su habilidad expresiva, estará al frente de esa desbocada cabalgata.
* Los demás miembros bien podrían ser Gustavo Campos, cuya novela corta Los inacabados ganó uno de los premios del Certamen literario 2006 “Premio Hibueras”, y Carlos Rodríguez, que ha publicado algunos de sus textos en mimalapalabra.
jueves, 5 de marzo de 2009
Prólogo
Se trata pues del recorrido por una parte de la vida (ficticia o real) de cuatro jóvenes: Wilmerio, Ricardo, Simón y Alfredo, primeramente observado y consignado por otro desocupado muchacho, cuya identidad aún desconozco, en las innumerables cuartillas que llegaron a mi nombre, dentro de un sobre sin remitente, a la oficina regional de la Secretaría de Cultura en la que por aquellos días de principios de 2006 yo trabajaba como promotor cultural.
Mi trabajo como editor, modestísimo comparado con el de nuestro escritor, apenas alcanzó para clasificar y pretender un orden en las páginas de las que hablo, puesto que en el sobre en que se encontraban no había estipulada ninguna disposición para este caso, salvo una breve nota en la que el autor me cedía la potestad de manejar a mi antojo los papeles y la información (o la ficción) contenida en ellos, así como los respectivos derechos para una eventual publicación en la editorial de la Secretaría.
Algunos episodios de la historia original fueron descartados para esta edición, ya que, o estaban incompletos en su redacción o no contribuían en absoluto al corpus de la novela (permítaseme llamar al texto de esta manera).
Cabe mencionar que luego de leer las cuartillas por primera vez y antes de emprender la labor de edición, me propuse investigar hasta qué punto los nombres y los acontecimientos podrían corresponder a la realidad, pero después de sondeos por aquí y por allá, los resultados, para bien o para mal, según se vea, fueron infructuosos. Nadie recuerda a cuatro muchachos que por esta periferia del mundo alguna vez hayan incurrido en actividades propias o al menos vinculadas al concepto de la herejía. Por esta razón he desestimado la posibilidad de que los textos refieran un conocimiento histórico y he decidido publicarlos como “obra de ficción”, que es lo que son al fin y al cabo. Por lo tanto, apelando a la confianza de que en estos tiempos modernos la Inquisición sólo sea un oscuro recuerdo en la memoria de la humanidad, dejo en tus manos, carísimo lector, este libro al que, a falta de título original, he decidido bautizar Ficción hereje para lectores castos.
De aquí en adelante esta historia es tuya. Y recordá: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
El editor
Capítulo II
Donde se da cuenta de la primera aparición de Los Herejes en el templo del Señor
Por primera vez aparecieron ante los ojos de todos en la noche de los “Casos Imposibles”, pero ya antes se había instalado en cada uno de ellos la curiosidad por la práctica de la herejía.
Dos de ellos, Simón y Wilmerio, pasaron durante las primeras horas de la tarde de un jueves por ese inmenso establecimiento ubicado en la esquina opuesta al Museo de Antropología e Historia, cuya pared frontal anuncia pomposamente con letras rojas el rubro y el nombre de la institución: Iglesia Pare de sufrir, y más abajo, con la misma tipografía pero en un tamaño menos escandaloso, los siete días de la semana, cada uno con su respectivo horario y programa.
Era reciente la apertura del local porque los dos muchachos no se habían percatado antes de su existencia como centro de reuniones religiosas. Por eso se detuvieron, primero Simón y luego Wilmerio, para examinar el curioso itinerario semanal que debía funcionar como anzuelo para los futuros feligreses. “Lunes de Gozo”, “Martes de Oración”, “Miércoles de Causas Perdidas”, “Jueves de Unción”, “Viernes de Casos Imposibles”, “Sábado de Milagros”, “Domingo de Resurrección”, se leía en la pared. Al leer aquella información, Wilmerio recordó con cierta rara nostalgia los días en que era un niño y vivía en el pueblo, cuando enfrente de su casa el vecino, un viejo que dedicaba sus últimos años de vida a leer la biblia y tratar de “ganar almas para Cristo”, le dijo a uno de los muchos viejos que pasaban por ahí (porque el vecino se proponía únicamente “salvar” a los viejos, ya que eran ellos los más próximos a encontrar la muerte sin haber conocido a Dios) que Dios había creado los siete días de la semana con un objetivo diferente y que nosotros (todos) debíamos rendirle tributo toda la semana y no sólo los domingos, como muchos hacían. Eso es lo que al parecer hacen estos, se dijo Wilmerio al leer aquel itinerario en la pared.
Decidieron que esa noche harían su debut ante las casi trescientas personas que asistirían a presenciar “los milagros de Nuestro Salvador”. Llegaron al filo de la hora, para que nadie los recibiera antes de empezar la ceremonia, y se instalaron en los últimos asientos, próximos a la salida del establecimiento.
Una distracción momentánea les impidió enterarse de los primeros momentos de la reunión y de pronto, para sorpresa de ambos, escucharon cantar a toda la feligresía algo así como una canción de bienvenida, y antes que pudieran deducir qué era lo que sucedía, todos se acercaron a abrazarlos, en lo que representaba su bienvenida oficial al santo reino de Dios en la tierra.
Esta sorpresa no impediría, sin embargo, que se llevaran a cabo los planes que tan diligentes muchachos habían trazado con suficiente antelación; así que a los primeros abrazos recibidos Simón, como estaba convenido, empezó a mostrar los ojos desorbitados y la mandíbula desencajada, al tiempo que de su boca se desprendían, con inusual prestancia, pequeños chorros de saliva espumosa, mientras todo el cuerpo se convulsionaba en medio de aquella impresionada barahúnda de creyentes.
Wilmerio, mientras tanto, ayudaba a los demás a sostener a su amigo, y poco a poco se fue formando alrededor suyo y de los otros santos socorristas una enorme rueda de alarmados cristianos. Unos levantaban las manos al cielo (aunque debe dudarse que las imploraciones traspasasen el techo que los separaba), otros entonaban cánticos de súplica al Altísimo y los más se limitaban, mediante curiosas exclamaciones, a atribuir el lamentable episodio al mismísimo Diablo, creador de todos los males existentes en el mundo.
De repente Simón dejó de convulsionarse y así, absolutamente quieto, se mantuvo durante unos cuantos segundos de gran expectación, hasta que, para nueva sorpresa de todos, levantó su mano derecha señalando un punto indeterminado en una de las partes altas del cielo raso. “¡El Diablo!”, dijo Simón, y todos dirigieron sus miradas horrorizadas hacia donde la mano señalaba. “¡El Diablo!”, repetía Simón, y ahora las cristianas miradas se dirigían a cualquier parte, hasta que el pastor de la iglesia, para quien al parecer la situación se estaba saliendo del límite de la jurisdicción de sus milagros, optó por encajarle una épica y nada cristiana cachetada en la mejilla izquierda. De inmediato Simón se calló, mientras Wilmerio lo miraba atónito, como si también él estuviera creyendo el teatro de su amigo. Pero esto no pararía con ese repentino momento de lucidez del pastor. Faltaba aún ver a Simón levantarse, dedicar una mirada extraña al pastor y a toda la feligresía y exclamar, en medio de un silencio mortuorio, “¡Milagro!”, “¡milagro!”, “¡milagro!”. Y así, Simón repetía y confirmaba el milagro del pastor mientras éste empezaba a sonreírle a él, a Wilmerio, a sus fieles, a Dios, y a recibir las felicitaciones de todos, momento que Simón habría de aprovechar para soltarle un sólido puñetazo en su frente y tumbarlo ahí, en el centro de aquel establecimiento destinado a la adoración del Divino Creador del Universo, para salir luego corriendo al tiempo que repetía la ya asumida verdad: “¡Milagro!”, “¡milagro!”, “¡milagro!”.